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Pasó de ser un perdedor a un devorador sexual y tuvo que luchar para dejar de ser infiel

“Las interacciones más largas que tenía con mujeres atractivas se producían mientras me cortaba el pelo”. Esa es la honesta pero triste confesión de Neil Strauss, un periodista que por años se consideró pésimo para entablar relaciones con mujeres, pero que en un momento en su vida, todo cambió y se transformó en un devorador sexual y comenzó a tener sexo de todas las formas posibles y con todo tipo mujeres.

A comienzos de 2000 su carrera era exitosa. Tenía una columna en el New York Times y había firmado diversas portadas para Rolling Stone. Sus biografías de Marilyn Manson y Mötley Crüe eran todo un éxito. Tenía acceso a todos los backstages del mundo y contactos entre celebridades. Sin embargo, era extremadamente malo con las mujeres.

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En una oportunidad le pidieron que escribiera sobre una comunidad de hombres que vivían obsesionados con convertir la seducción de mujeres en una ciencia exacta. Su investigación terminó en la publicación del libro The Game. Allí explicaba los trucos que ocupan estos hombres para llevar a una mujer a la cama.

Estas técnicas las comenzó a utilizar el propio Strauss en su vida, como una forma de salir de su mala racha con las chicas. Maniobras como el negging (fingir falta de interés a través de una afirmación ambigua ligeramente ofensiva con el objetivo de reducir la auto-estima de la mujer) o cavernicolear (lo cual, en el glosario del libro se describe, literalmente, como “intensificar un contacto físico de manera agresiva y directa”), se volvieron cosa recurrente en la vida de este periodista.

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“Yo era un periodista, esta comunidad ya existía, yo quise describir mi experiencia en ella. Pero debido a que nadie había oído a hablar de este mundo, y a que, seamos francos, las técnicas son tan cosificantes y horribles, el libro se convirtió en la biblia de aquello que yo estaba intentando documentar de una forma más neutral”, señala.

El libro fue todo un éxito, lo que le significó llenarse los bolsillos de dinero. Al poco tiempo, Strauss se transformó en un seductor implacable. Pasó de ser un tipo retraído y hasta temeroso de las mujeres a ser un devorador sexual. Gastaba miles de dolares en fiestas, perseguía mujeres, conducía descapotables, se compró una mansión en Hollywood y muchos lo consideraban un ídolo playboy digno de imitar.

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Pero en 2010 conoció a Ingrid De La O, una modelo mexicana que lo terminó por enamorar. “Era perfecta, la mejor relación que había tenido nunca”, reconoció en su momento. El problema es que no podía parar de seducir chicas y serle fiel a la mujer que lo tenía lleno de amor. Un día, Ingrid se enteró de la peor infidelidad: sexo con su mejor amiga y el estacionador de autos de una iglesia.

Ingrid estaba dispuesta a perdonarlo sólo si trataba su adicción al sexo. Él estuvo de acuerdo. Fue a terapia durante tres meses pero allí comenzaron a aflorar los verdaderos problemas. Le diagnosticaron ansiedad, depresión, dos tipos de desorden sexual y trastorno del déficit de atención.

Uno de los médicos le dijo que había pasado tanto tiempo seduciendo mujeres que lo más probable que terminó corrompiéndose a sí mismo de forma permanente.

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Tras muchas horas de terapia y un contrato de celibato que le hizo firmar su terapeuta (en el que se comprometía a no tener sexo, ni masturbarse, ni fantasear, ni flirtear durante tres meses), Strauss pudo rehabilitarse. Volvió a coincidir con Ingrid en una boda, trabajó para recuperar su confianza y ella acabó perdonándole. Se casaron hace dos años y tienen un hijo de ocho meses.