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Hace un mes perdió a su compañero de vida durante 70 años y así lograron calmarle la pena

Joyce Beckett es una abuelita de 93 años que hace un mes perdió a quién fue su marido durante 70 años, John.

La pobre mujer, que además sufre de demencia senil, estuvo sufriendo mucho las últimas semanas, especialmente en las largas y solitarias tardes en su casa de retiro, Richmond Villages, ubicada en el frío Northhampton (de donde es oriundo Alan Moore).

Durante estos momentos parte del staff la acompañaba acariciándole y sosteniéndole la mano, pero querían hacer más. Por ello llegaron al concepto de “almohadón de la memoria”.

Chris Rayatt-Howard, el jefe de actividades de la casa de retiro, había visto algo similar en Internet, y se aproximó al hijo de ambos, David, de 68 años, para preguntarle si podía usar una de las camisas de su padre, su favorita. Luego, con hilo y aguja en mano, se dedicó a coser el almohadón en su tiempo libre. Le colocó una foto de John en la solapa y una nota, escrita desde la perspectiva de John, donde se lee:

“Esta es una camisa que solía usar. Cada vez que la sostengas sabes que estoy aquí.”

Cuando Joyce recibió la almohada, rompió en llanto, al igual que varios miembros del staff de la casa de retiro. Muchos de ellos mencionan que, a pesar de su avanzada edad y su estado mental, Joyce reconoció la camisa de su marido de inmediato. Ahora la tiene siempre cerca y descansa en su habitación para que la abrace cuando quiera.

Joyce y John se mudaron a la casa de retiro hace tres años, su hijo quería mantenerlos juntos el mayor tiempo posible. Vivían una vida tranquila en la cual se hicieron rápidamente favoritos de la casa, participando en noches de juegos y cuidando el uno del otro.

El año pasado celebraron su aniversario setenta pero lamentablemente el 11 de febrero John murió luego de una corta enfermedad, dejando a Joyce sola.

Su hijo, mientras tanto, opina que “no puede creer el hermoso gesto que tuvo Chris” y que “estoy seguro de que el almohadón será una enorme ayuda para ella, especialmente en las tardes donde solía extrañar a mi padre.”

Por suerte existe gente que ayuda a los ancianos hasta en sus últimos momentos a sentirse queridos y acompañados.