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Existe el “síndrome Marilyn Monroe”, lo sufren muchas mujeres y probablemente tú no lo conocías

Sin duda alguna, es un icono pop y símbolo sexual del siglo XX. Pero ciertos rasgos de su personalidad se mantienen e incluso lo llaman “síndrome”. 

Todas las mujeres, o por lo menos la mayoría, hemos soñado con poseer la belleza, delicadeza y sensualidad de una referente del siglo XX. Pero como dicen “no todo lo que brilla es oro” y los rasgos que admiramos en esta actriz estadounidense, escondían importantes carencias, en las que podemos vernos reflejadas.

Las mujeres  que tienen el “síndrome Marilyn Monroe” se centran en seducir continuamente a los otros. Su diario vivir consiste en preocuparse de la belleza y juventud, sabiendo que puede acabar y que no es esencial para el enriquecimiento espiritual. Las mujeres tratan de conservar estos aspectos por el mero hecho de querer permanecer en la atención de todos los universos.

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Su tranquilidad y bienestar mental consiste en lo alabadas que se sientan por parte de otros.

A pesar de tener la continua necesidad de que todos las admiren, son mujeres solitarias que se refugian en la idea que el mundo las adora y admira. Su objetivo es ser vistas, en sus distintas formas y ángulos, pero siempre destacando.

Se sienten bien con que los otros las acepten y que vean en ellas a las mejores mujeres, hijas, amigas y amantes.

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La belleza es su escudo, como si se tratara de lo más delicado que hay que defender a rajatabla. Esa necesidad que todos admiren su más preciado estandarte es matadora.

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Alimenta su interior, exteriorizando su belleza. Marilyn era consciente de sus encantos y era capaz de irse caminando a la escuela, sólo con la intención de provocar deseos en todo aquel que la observaba.

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Con esta técnica de seducción, lograba ignorar y aplacar el hecho de sentirse ignorada por sus seres queridos. Después de levantar los deseos más carnales de quienes la veían pasar, corría hasta el espejo para comprobar que siguiera viéndose bella.

La promiscuidad se origina para olvidar la indiferencia y el olvido. Era la forma rápida de suplir los afectos y el amor propio.

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Marilyn Monroe sentenció alguna vez:

“No me importa vivir en un mundo de hombres, siempre que pueda ser una mujer en él”.

No tenía mucha fe en sí misma. Su anhelo era sentirse constantemente admirada.

Las féminas Marilyn se convierten en muñecas rotas. Se quiebran por recibir un piropo, lejos es su mejor recompensa.

El coqueteo es su mejor herramienta, que manejan sin inhibiciones, ni formas, sólo distinguen en atraer a quien les entregue seguridad y una caricia en forma de palabra. Así son las mujeres que tienen el síndrome “Marilyn Monroe”.

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Saben lo interesantes que son, pero utilizan este aspecto, provocando envidias y miradas de odio de las otras que, según su parecen, no se parecen a ellas.

Mujeres acostumbradas a la admiración por su belleza, no así de su felicidad. A Marilyn la seguían muchos admiradores, que la idolatraban, pero no tenía a ese compañero que le preguntara cómo estuvo su día.

Se adentran en profundos sentimientos solitarios. Ya sabemos que a la gran Marilyn Monroe le costó caro, cuando perdimos su magia en este mundo.

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Si sientes que llevas en tu alma a una mujer Marilyn, deberías librarte de esas cadenas, sentirte hermosa, realizada y admirada, sin que sea necesaria la aprobación de los demás. Piénsalo y hazlo.

Fotos: Wikipedia / Capturas de Youtube

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