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Estuvo 15 años en coma y cuando despertó pensó que todos estaban locos

Miguel Parrondo es su nombre. Tuvo un accidente en 1987 que lo mantuvo en coma por 15 años. Él decidió contar cual fue su reacción al despertar en el año 2002. Un mundo diferente, un mundo que estaba loco.

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Miguel Parrondo

“Yo trabajaba como programador informático en el Banco Pastor (España) cuando sufrí el accidente que me tuvo 15 años en coma. Entonces, en mi trabajo, me ocupaba de computadoras gigantescas que funcionaban con tarjetas perforadas, nada que ver con los pequeños portátiles de ahora. Pero este no es el único contraste con el que me encontré al despertarme. Es increíble lo que cambió el mundo desde 1987 a 2002, el año en que volví a nacer.

A mí lo que más me gustaba era la velocidad… estuve viajando con mi BMW 1000 RS por países como Escocia, Grecia, Alemania o Italia. Precisamente, el exceso de velocidad fue la causa de mi accidente. Me dirigía hacia Santa Cristina, que en aquella época era la zona de fiesta para los coruñeses, con dos chicas y otro chico en mi Renault 5 GT Turbo. Pero en una curva perdí el control y nos estrellamos contra el muro de un reformatorio. Murió una de las chicas y yo, a mis 32 años, quedé en coma.

No recuerdo nada de aquellos momentos… mi padre incluso llamó al cura del hospital para que me diera la extremaunción… los médicos le preguntaron a mi padre si querían desconectarme. Pero él, que era muy católico, dijo que Dios era el único que podía quitar una vida. Gracias a esa convicción, ahora puedo contarlo.

Me cuentan que mi madre pasó todo el tiempo a mi lado, en el hospital, hasta que un día de 2002 abrí los ojos. En ese preciso instante tenía a mi hija delante. “¿Tú eres Almudena?”, le pregunté. Cuando perdí la conciencia mi hija tenía 12 años, pero al despertar era una mujer de 28. Imagínate el susto y la alegría que se llevó. El cerebro es algo increíble.

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La cara de mi hija es el primer recuerdo que guardo de mi nueva vida. Cuando tuve el accidente se usaban las pesetas, pero al despertar la gente ya pagaba con euros. Al salir del hospital también pensé que todo el mundo se había vuelto loco porque les había dado por hablar solos. Pero claro, es que yo nunca antes había visto un teléfono móvil. Ya no existían la URSS, ni Checoslovaquia, ni Yugoslavia. Pero bueno, pude acostumbrarme a todo sin demasiado esfuerzo.

También tuve que acostumbrarme a mi nuevo físico: la primera vez que me enfrenté a un espejo me di cuenta que mi pelo se había vuelto blanco. La ropa previa al accidente tampoco me valía porque la medicación me había hinchado (por no hablar de que todo estaba muy pasado de moda, claro). Pero esos 15 años tuvieron una ventaja y es que no me salió ni una sola arruga. Pasé tanto tiempo sin ejercitar mi rostro que ahora aparento menos de mis 60 años.

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Al recuperarme me dieron la invalidez permanente absoluta, por lo que nunca volví a trabajar. Habría sido una labor titánica ponerme al día en mi trabajo, porque si hay algo que avanzó en aquellos 15 años, eso fueron las computadoras. Eso sí, ahora me aburro muchísimo. A las diez de la mañana ya me he leído toda la prensa y me he tomado cuatro cafés. Además, casi no puedo dormir. Se ve que durante aquellos quince años agoté el cupo de sueño. 

Pero tampoco voy a quejarme mucho: ahora echo la vista atrás y pienso que aproveché muy bien mis 32 años de vida antes del accidente. Mi actitud ante la vida siempre fue de “A vivir que son dos días”. Y pese a haber perdido 15 años por culpa de aquel accidente, puedo decir que he aprovechado bien mi tiempo.

Texto extraído desde el diario El País