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Estos soldados eran de bandos enemigos, pero la navidad los unió

La vida en las trincheras de la Primera Guerra Mundial era brutal. En 1944, el frente occidental de la guerra tenía trincheras en las que soldados franceses e ingleses esperaban el próximo ataque de los alemanes (o vice versa) o simplemente aguardaban en el frío y el barro, haciendo tiempo.

En algunas áreas estaban muy cerca, en algunos a menos de 100 metros de distancia. Tan cerca que los soldados podían oírse entre ellos tosiendo. O cantando.

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La zona entre los hombres, más allá del cable espinoso, era conocido como “tierra de nadie” y fue ahí donde algunos de ellos se conocieron como personas en vez de como enemigos.

Temprano en la guerra, hubo cierta fraternización entre las líneas enemigas de Francia e Inglaterra que conocieron a sus pares alemanes. Intercambiaban cigarros, chocolate, e icluso whisky, aprendiendo más palabras de otros idiomas, a veces con conversaciones entre ellos.

Eventualmente, algunos acordaron dejarse tranquilos mientras salían de las trincheras para hacer ejercicio en las mañanas en vez de dispararse entre ellos.

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Hubo muchos llamados de paz esa temporada navideña, incluso con el Papa Benedicto XV pidiendo el 7 de diciembre de 1914 una tregua navideña. Aunque Alemania aceptó, los otros países se negaron.

 

 

La víspera de navidad ese año, lo que comenzó como una tregua temporal en algunas trincheras para recolectar y enterrar a los cuerpos se convirtió un intercambio entre tropas francesas y alemanas de periódicos, cigarrillos y canciones.

Pronto, muchos de los soldados alemanes pusieron pequeños árboles navideños en los bordes de sus trincheras (regalos desde casa) y los encendieron con velas.

Los villancicos comenzaron.

Conocida posteriormente como “La Tregua de Navidad”, se esparció a muchas secciones del frente occidental, y llegó a simbolizar el concepto que muchos soldados tenían de que no habían elegido estar ahí y que esos hombres no eran personas a las que realmente quisieran matar y quizás preferían estar celebrando con ellos.

De hecho, al conocerse mejor entre ellos, puedes imaginarlos preguntándose a quién disparaban en las batallas. ¿Era alguien con quien habían estado compartiendo un chocolate el día anterior, aprendiendo sobre su familia en casa?

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En algunas partes la tregua duró hasta la víspera de año nuevo.

Eventualmente, el alto mando en albos lados, escuchando que las tropas se habían conocido en navidad de 1914, pidieron que ese tipo de cosas se acabaran.

Y efectivamente, pocos años después. la guerra se volvió tan brutal y las muertes tan frecuentes, que este tipo de fraternización nunca volvió a ocurrir.

Pero queda el recuerdo de estos hombres que, más allá de sus diferencias, no perdieron su humanidad en los momentos de conflicto.