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Este hombre le salvó la vida a todo el planeta y casi nadie lo conoce

Seguramente tus padres o tu abuelos fueron salvados por este hombre, a cualquier persona que haya nacido antes de 27 de octubre de 1962. Ese día un avión espía estadounidense había sido derribado sobre Cuba mientras que otro se había extraviado en el área soviética.

En este punto de ruptura, una flota estadounidense, el USS Beale, comenzó a soltar cargas de profundidad en señal de advertencia contra el B-59.

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Ante esta amenaza, Valentin Savitsky, capitán del submarino, temió que pudiese ser la Tercera Guerra Mundial, por lo que pidió autorización para lanzar su torpedo con cabeza nuclear. Para esta acción necesitaba el permiso de dos superiores: Ivan Semonovich Maslennikov (representante del partido) y Vasili Arkhipov Arjipov, comandante de este submarino y nuestro héroe.

Un oficial de inteligencia que estaba a bordo escribió en sus memorias:

“Los estadounidenses nos golpearon con algo más fuerte que las granadas y al parecer con una carga de profundidad. Pensamos que eso era el final.” Fue entonces cuando al capitán se le ocurrió algo, “Tal vez la guerra ya ha comenzado ahí arriba… ¡Vamos con la explosión! Vamos a morir, pero los hundiremos a todos, no vamos a ser la vergüenza de la flota”.

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Pero las autoridades no estaban de acuerdo entre sobre lanzar este ataque. No había forma de saber qué estaba pasando afuera, si es que esos ataques estaban fallando a propósito, si es allá afuera ya los tenían identificados. Fue el día más peligroso de la historia.

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Finalmente Vasili le hace entender a Iván Semonovich, que los estadounidense sabían perfectamente quienes eran y que los disparos habían fallado a propósito. Decidieron emerger y el conflicto no pasó a mayores.

De haberse lanzado ese torpedo nuclear los primeros blancos habrían sido Moscú, Londres, las bases aéreas de East Anglia y concentraciones de tropas en Alemania. La próxima ola de bombas habría borrado “objetivos económicos”, más de la mitad de la población del Reino Unido habría muerto.

Gracias a él, nuestro planeta sigue existiendo y no entramos en una guerra nuclear.