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Esta es la impactante historia real que inspiró la película “127 horas”

En 2003, el montañista norteamericano Aron Ralston salió de caminata, solo, en el Blue John Canyon. Fue ahí cuando su pesadilla comenzó. Una piedra cayó entre el cañón, dejando atrapado su antebrazo derecho contra la pared.

Por 5 días y medio, luchó para liberarse hasta que se vio forzdo a hacer lo impensado. Usando un cuchillo de su navaja suiza, comenzó a amputar su propio brazo. La increíble historia de Ralston fue inmortalizada en la película de Danny Boyle 127 horas en 2011.

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El sábado 26 de abril de 2003, sin decirle a nadie, Ralston empacó sus botas de caminata, su mochila, su sistema de hidratación, equipo de escalada y, notablemente, una navaja suiza de bolsillo. Subió su bicicleta a la camioneta, y condujo casi cinco horas a un lugar remoto de Utah.

En medio de su aventura, Ralston resbaló y cayó en el cañón, llevando tras de el una roca de 360 kilos. Aplastó su brazo y lo enganchó contra la pared del cañón.

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Hizo varios intentos inútiles de tallar la piedra con su cuchillo, pero no funcionó. Ralston dice que la roca lo estaba aplastando tan firmemente que todo hasta la punta de sus dedos se entumeció. “Se llama síndrome de compartimiento, cuando los nervios y los vasos sanguíneos son bloqueados, y el tejido empieza el proceso de necrosis y muere”, explica.

Comenzó a apuñalar la piel muerta de su pulgar con el cuchillo. Pudo incluso escuchar el aire escapar de su dedo en descomposición.

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“Me dí cuenta muy pronto de que tendría que cortar mi brazo para liberarme pero también había una resistencia: no quería hacerlo”, dice. “Pero para el segundo día ya estaba planeando cómo lo haría, y en la película ves esa progresión: tratar de cortar el brazo como con una sierra, encontrar el torniquete, después darme cuenta de que el cuchillo estaba muy desafilado como para atravesar el hueso. Esa desesperación fue seguida por un tipo de paz, darme cuenta de que iba a morir ahí y de que no había nada que pudiera hacer. Ya no dependía de mí. Todo lo que podía hacer era resistir hasta el final”.

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Después de 127 horas dentro del cañón, sin agua, delirando y alucinando, Ralston tuvo una epifanía. “Sentí mi hueso doblarse y me di cuenta de que podía usar la roca para romperlo. Fue como si salieran fuegos artificiales: iba a salir de ahi”.

Ralston logró usar su peso corporal para violentamente doblar su brazo hasta que la roca cortó su brazo. Entonces usó ingeniosamente una parte de su equipo de hidratación como torniquete, y comenzó a cortar a través del cartílago restante, piel  y tendones con su navaja.

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Fue así como logró liberarse, salió del cañón y fue encontrado por un grupo de excursionistas extranjeros. Hoy, Aron se dedica a dar charlas motivacionales, se casó, y sí: sigue practicando deportes extremos.