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El increíble caso de los soldados que brillaban en la oscuridad

Ahora, en nuestra sección de notas curiosas, el caso del “brillo del ángel”. ¿Lo han escuchado alguna vez? Les cuento…

Una de las batallas de la guerra civil estadounidense fue la batalla de Shiloh, que dejó más de 16.000 soldados heridos entre los confederados y los federales. Debido a la precariedad de la medicina en ese entonces y los pocos médicos que había en el sector, muchos de los soldados fallecieron por las heridas e infecciones. En ese entonces no había mucha información sobre los gérmenes y las bacterias por lo que era seguro un final triste para muchos.

Sin embargo algunos de los heridos notaron, tras unos días de espera en el barro, que durante la noche sus heridas brillaban con una ligera luz en la oscuridad. Además, cuando los atendían, estos tenían mayores probabilidades de salvarse. Estaban todos tan sorprendidos por esta misteriosa y protectora luz que se le atribuyó el nombre de “brillo de ángel”.

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En 2001 Bill Martin, un joven de 17 años, visitó el lugar dónde ocurrió la batalla y escuchó la historia. Le dio tanta curiosidad que le preguntó a su madre que era microbióloga si tenía que ver algo el brillo con las bacterias. Ella le propuso que hiciera un experimento para averiguarlo y así lo hizo.

Bill, junto a un amigo, sospecharon que debido al lugar y las características luminosas, la bacteria Photorhabdus Luminescens era la más probable. Esta suele vivir en unos gusanos llamados nematodas que habían subido al cuerpo de los soldados como huéspedes y se alimenta de lo que ellas comen. Los humanos generalmente no funcionan bien para estas bacterias ya que su temperatura corporal es muy elevada. Sin embargo las bajas temperaturas de otoño en Tennessee hicieron que esta temperatura bajara y convirtiera a los cuerpos heridos en perfectos hogares.

Photorhabdus Luminescens/Fuente

Photorhabdus Luminescens/Fuente

De esta manera los químicos de las bacterias Luminescens limpiaban los agentes patógenos de las heridas y salvaron muchísimas vidas. Al final de cuentas, el brillo del ángel no era más  que una bacteria. ¡Es increíble lo mucho que damos por milagroso y que a final de cuentas solo es ciencia, ciencia y más ciencia!