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Él fue el temible “Bestia Rubia”: el nazi cien veces más malo que Hitler

Por años Hitler ha sido uno de los personas más malvados de la historia. Su locura mezclada a una gran habilidad para movilizar gente y planear estrategias lo transformaron en un hombre aterrador.

Sin embargo, dentro de su círculo de secuaces existía un hombre que no sólo compartía esa afición, sino que lo llevó a otro nivel, incluso el mismo Hitler lo llamaba el “Hombre del corazón de Hierro”. Se trata de Reinhard Heydrich.

Este hombre nació en 1904 en una familia culta de clase media. Sus padres le transmitieron el gusto por la música y lo incentivaron a aprender a tocar el violín, en lo cual se volvería experto con el paso del tiempo y cuya dedicación traspasó a otros actos, como la exterminación de personas durante la Segunda Guerra Mundial.

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Su llegada al nazismo fue cuando tenía 16 años, cuando ingresó a una de las unidades de voluntarios. Odiaba el bolchevismo y la revolución, quería llegar alto y tener el poder. En 1922 se alistó a la maria, de la cual fue expulsado en 1931 por dejar embarazada a una de las hijas de un alto mando.

Heydrich se casó con Lina von Osten, gran admiradora del nazismo, cuya familia lo ayudó a encontrar empleo en la Schustzstaffel.

Su apariencia física, rubio, alto y de pelo liso, hizo que lo apodaran el “Delfín”, uno de los cientos de nombres que tuvo durante su carrera militar, en la que ascendió rápidamente hasta llegar a la jefatura de la policía de la Gestapo y la Policía Criminal, bajo el cargo de director de la Oficina Central de Seguridad del Reich.

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La “Bestia Rubia”, otro de sus nombres, era uno de los hombres más odiados y temidos de Hitler. Era el líder de los actos más violentos que cometió la policía nazista, nadie podía demostrar ni una pizca de bondad. Tenía idea malignas sobre cómo asesinar en masa y deshacerse de los cuerpos.

Sus pensamientos influyeron de gran manera el cambio en la guerra contra el comunismo. Le interesaba la exterminación masiva de eslavos, judíos, homosexuales y gitanos. De hecho, era él quien lideraba las reuniones en las que se coordinaban las medidas para solucionar la “cuestión judía”.

Su muerte fue tan comentada como su propio nombre. Ocurrió en Praga, a raíz de una operación planeada por el gobierno checo exiliado en Londres. Josef Gabcik y Jan Kubis fueron los encargados de atacarlo con granadas y metralletas. Una de las armas no funcionó como debía, pero una precisa granada cayó en la parte trasera del descapotable que lo transportaba, causándole graves heridas.

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Pese al daño recibido, el “Delfín” se bajó del auto y persiguió a sus atacantes con una pistola hasta que las fuerzas loa abandonaron y se desmayó. Su deceso sería unos días después en el hospital.

Su fallecimiento fue un duro golpe para Hitler, quien estaba furioso por haber perdido a su “hombre indispensable” por la estúpida razón de andar en un descapotable sin ningún tipo de blindaje.