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Échale una mirada a cómo era Facebook hace cuatrocientos años

Las redes sociales son el hijo pródigo del siglo XXI, el mundo de hoy está dominado por Facebook, Linkedin, Instagram, etc. Pero, ¿Qué pensarías si te digo que ya en el siglo XVI existía Facebook? Que te estoy mintiendo, obvio. Más o menos. A mediados de ese siglo aparecieron los ‘alba amicorum’, una especie de cuadernos de viaje y/o diarios de vida de la nobleza europea.

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La investigadora Sophie Reinders se ha interesado en cómo los libros personales de muchos siglos atrás, conocidos como Alba Amicorum, funcionaban como una precuela de nuestras redes sociales modernas. De acuerdo con la historiadora, estos eran usados para establecer y solidificar relaciones personales y profesionales por los jóvenes de la nobleza Europea a comienzos de 1560. También eran usados para compartir canciones favoritas, enamoramientos, ofrecer consejos, compartir opiniones, y comentar las anotaciones de otras personas… ¿te suena familiar?

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Otra coincidencia es que, al igual que Facebook, comenzó en las universidades. Los muchachos aristócratas también tenían la costumbre de dar un paseo por Europa en busca del conocimiento, visitando las ciudades e instituciones académicas más importantes del viejo continente.

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En este viaje es donde llevaban un cuaderno donde profesores y compañeros les escribían pequeñas dedicatorias donde recordaban anécdotas y encuentros. De esta manera se crea una especie de Linkedin siglos atrás, una red de contactos que construían durante los años de sus viajes.

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Obviamente no estaban las cámaras para tomar una foto y pegarla para el recuerdo infinito, por lo que la solución generalmente era el dibujo. Los libros eran muy atractivos, artistas eran requeridos para pintar el escudo de familia simbolizando los buenos deseos que ellos tenían para el joven y las aventuras en las que se embarcará.

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Mientras que los hombres recorrían Europa y llenaban sus cuadernos de escudos de armas, las mujeres solían ser enviadas a conventos o a la corte (en espera para recibir su entrenamiento como jóvenes damas de alto rango social) Esto no significaba que no tuvieran libros, según Reinders los alba amicorum de ellas se parecían aún más a Facebook, ya que eran usados para establecer y solidificar amistades, intercambiar chismes, estaban plegados de bromas internas, consejos personales, comentarios y pistas alusivas a romances secretos.

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Entonces, ¿cómo estos libros se comparan con el moderno Facebook? En lugar de compartir fotos o videos, se dibujaba. En lugar de intercambiar opiniones o artículos de diarios, se compartía un consejo o un pasaje de la biblia y en lugar de compartir sus canciones favoritas o su lista de Spotify, se escribían las letras de sus canciones favoritas (por supuesto que escribir canciones románticas en el libro de alguien era la pista perfecta que estabas interesado/a en esa persona) También podías impresionar anotando algunas de tus propias poesías, fanfarroneando tu vocabulario o poniéndote un poco artista. Las actualizaciones de relaciones se hacían cuando escribían juntos después de casarse.

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También habían símiles a las páginas de eventos, invitados y amigos escribían sus recolecciones de fiestas privadas.

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Funcionaban muy parecido a como lo hacen las redes sociales hoy: importaba la relevancia de los contactos, cuántas páginas hubiera escritas, qué nivel de artistas que firmaban las imágenes, todo indicaba lo popular era el propietario y obviamente más alta era su posición social.

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Después de cuatro siglos, las cosas no han cambiado mucho; la importancia de tu persona está medida en ‘seguidores’. Cada libro (cada perfil) sirve para estudiar las costumbres y relaciones de la época. Podemos esperar entonces, que en cuatro siglos más, Facebook será la joyita de los historiadores.

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