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Durmió durante 4 años dentro de un auto para lograr el sueño de terminar la primaria

El es Lucas Cesio, tiene 12 años y acaba de terminar la primaria. Su historia no es común para un niño de su edad, y tuvo que sobrepasar muchos obstáculos para logar su objetivo en la escuela “Enrique de Vedia” en Buenos Aires, Argentina.

Escuela Número 5 “Enrique de Vedia”

Escuela Número 5 “Enrique de Vedia”

Su mamá rompió en llanto, cuando la directora lo llamó para que recibiera su diploma de egreso. La primaria dura 7 años en Argentina. Él tuvo que vivir 6 de ellos en la calle. Muchas veces hacía la tarea en la calle, y cuando no tenía mucha luz, se ubicaba bajo un faro del alumbrado público.

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Marisa, de 34 años, no tenía trabajo y no podía alimentar como quería a sus hijos, pero nunca permitió que ninguno de sus hijos dejara la escuela.

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Lucas junto a su mamá Marisa

Todas las mañanas iban hasta una estación de servicio donde les prestaban el baño para que se higienizaran, luego empezaban a caminar y recorrían panaderías, heladerías o pizzerías en las que les daban algo para comer, si es que había.

“Con mi familia no pedíamos plata, lo único que queríamos era lo que les sobrara para poder comer. Si nos querían dar dinero les decíamos que no, que preferíamos una empanada”, cuenta a Lucas al diario Clarín.

Una noche una tormenta feroz cayó sobre Buenos Aires y un vecino  se acercó a ellos y les dio las llaves de su auto, un Peugeot 505 color champagne, para que se protegieran del agua y el frío.

Un auto similar a este es donde dormía Lucas

Un auto similar a este es donde dormía Lucas

“A veces me tenía que bajar del coche en la noche para estirar las piernas porque se me dormían y me dolían. Pero estar en el auto era mejor que en la calle porque ahí tenía miedo de que alguien nos robara o me raptaran”, cuenta Lucas

Durante cuatro años el asiento trasero del auto fue su cama y había olvidado como era dormir estirado.

“Una vez nos mandaron a un parador que tiene la Ciudad para los que viven en la calle, pero fue horrible. Nos miraban mal y nos gritaban. Esa noche la miré a mi mamá y le dije que no quería venir nunca más y que prefería estar en el coche”, añadió.

A principios de este año, la mamá consiguió que le dieran una casilla en otro sector de Buenos Aires, pero Lucas quería terminar el colegio con sus mismos compañeros, por lo que tenía que tomarse un tren, dos buses y el metro.

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Todos los días se levantaba a las 4 de la mañana para poder entrar a la hora a la escuela, donde lo recibían con un café con leche y galletitas.

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Ahora Lucas se prepara para una nueva etapa en su vida, la secundaria.