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Conmovedoras imágenes muestran dónde duermen los niños sirios refugiados

Siria está desapareciendo. Al menos 4 millones de personas han escapado del país en los últimos años de conflicto, y el futuro se ve oscuro: más de un millón de estos refugiados son niños de menos de 12 años.

El fotoperiodista Magnus Wennman ha viajado por Europa y el Medio Oriente, capturando estas crudas imágenes que muestran la realidad de los niños de la guerra en su búsqueda de paz en un mundo atemorizante e incierto.

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En su casa en Baghdad quedaron las muñecas, el tren de juguete, y la pelota; Lamar habla seguido de esos objetos cuando mencionan su casa. La bomba lo cambió todo. La familia estaba en camino a comprar comida cuando la lanzaron cerca de casa. No fue posible vivir más ahí, dice la abuela de Lamar, Sara. Después de dos intentos de cruzar el mar desde Turquía en un pequeo bote de goma lograron llegar a la frontera cerrada de Hungría. Ahora Lamar duerme sobre una manta en el bosque, asustada, congelada, y triste.

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Walaa, de 5 años, quiere volver a casa. Tenía su habitación propia en Aleppo, cuenta. Allá nunca lloraba a la hora de dormir. Aquí, en el campo de refugiados, llora cada noche. Dice que apoyar su cabeza en la almohada es horrible, dice, porque las noches son horribles. Fue cuando ocurrió el ataque. De día, la madre de Walaa suele construir una pequeña casa de almohadas, para mostrarle que no hay nada que temer.

Mohammed, 13, loves houses. Back home, in Aleppo, he used to enjoy walking around the city looking at them. Now, many of his favourite buildings are gone, blown to pieces. Lying in his hospital bed, he wonders whether he will ever fulfill his dream of becoming an architect. “The strangest thing about war is that you get used to feeling scared. I wouldn’t have believed that,” says Mohammed. // link to full article in my bio.

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Mohammed, de 13 años, ama las casas. En su casa, en Aleppo, solía disfrutar de caminar por la ciudad mirándolas. Ahora, muchos de sus edificios favoritos se fueron, volaron en pedazos. Acostado en su cama de hospital, se pregunta si es que cumplirá su sueño de ser arquitecto. “Lo más extraño de la guerra es que te acostumbras a tener miedo. No lo habría creído”, dice Mohammed.

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Fara, de 2 años, ama el fútbol. Su padre trata de hacerle pelotas con materiales que puede encontrar. Cada noche cuando le da las buenas noches a Fara y a su hermano mayor Tisam, de 9 años, espera que despierten a un nuevo día en el que pueda tener una verdadera pelota de fútbol para poder jugar. Todos los otros sueños se sienten inalcanzables.

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Moyad, de 5 años, y su madre quería cocinar una tarta. Juntos fueron a mercado en Daraa a buscar algo de harina. Caminaban junto a un taxi, donde alguien había puesto una bomba. La madre de Moyad murió de inmediato. El chico, fue trasladado a Jordán, tiene tiros en la cabeza, su espalda y su pelvis.

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Ralia, de 7 años, y Rahaf, de 13, vive en las calles de Beirut. Vienen de Damasco, donde una granada mató a su madre y hermano. Junto a su padre, han dormido en la acera por un año. Siempre están juntos. Rahaf dice que tiene miedo de los “chicos malos”. Cuando lo dice, Ralia comienza a llorar.

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Maram, de 8 años, en una cama de hospital en Amman, Jordán. Tiene varias lesiones cerebrales luego de que una bomba explotara cerca de su casa en Siria. Maram es una de las pocas que logró cruzar la frontera a Jordán para tener tratamiento médico.