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“Cómo escapé de un asesino serial”: víctima decidió romper el silencio después de 24 años

Jennifer Asbenson tenía solo 19 años cuando fue secuestrada y torturada por uno de los sujetos más buscados de Estados Unidos.

Por primera vez desde que escapó de la muerte, Jennifer Asbenson regresó al desierto de Hot Springs, en California. En ese lugar, su secuestrador, Andrew Urdiales, uno de los asesinos seriales más brutales de la historia reciente de Estados Unidos, trató de violarla y matarla. Pero a diferencia de las demás víctimas del maniático, ella logró sobrevivir.

En el día exacto en que se cumplían 24 años desde ese terrible episodio, la mujer volvió a la escena del crimen con una amiga, una silla y una cámara de video. Se sentó y como una manera de liberarse de todos sus traumas, miró fijo al lente y contó la historia completa de lo que le sucedió el 27 de septiembre de 1992, consigna el sitio News.

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Jennifer tenía sólo 19 años en ese entonces y trabajaba como enfermera. El día en cuestión había perdido el autobús mientras compraba dulces para los niños con discapacidad a los que atendía en un hospital de la ciudad. Faltaban solo 10 minutos para entrar al trabajo y estaba a varias cuadras de distancia. Al parecer Urdiales notó su angustia, se acercó en su camioneta y ofreció llevarla.

Ella primero rechazó la oferta, pero cuando el hombre se disponía a marcharse le dijo que aceptaba que la acerca a a su trabajo, ya que tenía varios atrasos anteriores y temía que la despidieran. Urdiales la dejó en el hospital y le pidió su número de teléfono, pero ella le dio uno falso. Lo que Jennifer no imaginaba era que el tipo al que había tratado de engañar ya había asesinado a cinco mujeres y era uno de los asesinos seriales que la policía estadounidense buscaba incansablemente.

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A la mañana siguiente cuando terminó su turno, el sujeto estaba en su automóvil esperando por ella. Primero la invitó a desayunar, pero ella no aceptó, y luego se ofreció a llevarla a su casa. Jennifer pensó que no era mala idea y se subió al vehículo.

Cuando estuvo arriba, el tipo la encaró por darle un número falso y comenzó a gritar como un loco. Era el comienzo de la pesadilla. Luego la golpeó contra el vidrio y seguidamente le amarró las manos y la disfrazó con un sombrero y unos lentes de sol, mientras la amenazaba con una pistola. Y se puso a conducir.

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“Mis pensamientos mientras conducía eran que por favor no vaya hacia donde pienso que va a girar, porque eso significa que estamos yendo al medio de la nada. Le dije que haría cualquier cosa: ‘robaré un banco contigo, lo que quieras’. Yo estaba usando todo lo que había aprendido en la vida para intentar salir de la posesión de este hombre”, relata Asbenson.

Una vez que llagaron al desierto, Urdiales entró en acción y comenzó a atacar a Jennifer. Ya se había curtido como asesino, por lo que era contundente, metódico, rápido y preciso. Primero le dio un puñetazo en el rostro, cortó sus pantalones y le arrancó la ropa interior. Sacó un bolso repleto de cuchillos, con los que amenazó que la torturaría. Entonces le dio un fuerte mordisco en el cuello y trató de violarla, pero no pudo porque sufría de una disfunción sexual.

Urdiales se enfureció y la volvió a subir a la camineta. Condujo nuevamente hacia la ciudad, con la idea de llevarla hasta su hogar. Pero en medio del camino, cuando bajó la velocidad, Jennifer pudo desatarse y se bajó por la parte de atrás de la camioneta. Todo lo que hizo fue correr, hasta que encontró a dos soldados que se encontraban en la zona y denunció lo que le había pasado.

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Recién en 1997, después de que había matado a otras tres mujeres, Urdiales fue detenido por la policía. El asesino confesó los ocho homicidios y también el secuestro, intento de violación y de asesinato de Jennifer. En ese momento recién su familia le creyó lo que le había sucedido. El asesino serial fue condenado a pena de muerte, para luego obtener cadena perpetua.

“Quería que lo oyeran todo en mis propias palabras, sin interrupción. Quería que se sintieran como si estuvieran experimentando conmigo. No me avergüenzo. Así que no me edito. Pensé que la gente apreciaría la crudeza de mi relato”, dice la sobreviviente.

Las imágenes que Jennifer Asbenson grabó en el desierto fueron publicadas en YouTube, donde ya acumula más de 12.000 reproducciones y decenas de comentarios en apoyo a su valentía.

Fotos: Capturas de YouTube/Policía de Estados Unidos/Jennifer Asbenson – Facebook.

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